Nostalgia de los 90.
Jamás volvería al pasado, tenemos tendencia a idealizar nuestra juventud y si lo pensamos bien, sabemos de sobras que fue una mierda absoluta. Ya tienes ideas propias y energía como para hacer tu vida pero eres tonto de remate, sigues siendo dependiente de tus padres y de la familia y has de seguir estudiando.
Tienes las hormonas locas, eres feo y vas con unas pintas de vergüenza, eres un ser a medio cocinar, nadie volvería a querer ser eso en su sano juicio.
Eso si, descubres las primeras aficiones propias y empiezas a crear tu propia identidad a partir de ellas, es lo único que realmente tienes y te distingue de tus padres. Podríamos resumirlo a un par de camisetas, cintas de cassette (en mi época) y los amigos que más de la mitad eran unos albóndigas y ya ni les hablas.
Es un periodo de ilusiones y eso es lo que idealizamos, la ilusión que tienes por todo y los sueños de grandeza que de repente se muestran cómo espejismos en el horizonte.
Luego cuando todo eso pasa te has de amoldar a la realidad y de viejo te agarras a aquella ilusión y crees que era algo real y simplemente eran sueños de lo que ibas a ser y luego no fue tan así.
La juventud es un buen material para crear, es bonito aquel proyecto de persona que tenía aquella capacidad de proyectarse en un mundo de nubes.
Esta pintura habla de eso, de sueños e ilusiones de los 90, mi juventud, en lo que se basó y lo que no fue.
No volvería ni de broma, pero que poético y bello es recordarla.
En venta en YoKo Gallery.


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