Cuando era niño iba a pescar al rio con mi padre.
Cuando era niño iba a pescar al rio con mi padre. Mis padres alquilaban una casa en un pequeño pueblo de Cataluña delante de un riachuelo.
Mi padre hacía pocas cosas conmigo pero teníamos dos rituales veraniegos que siempre se cumplían, volar la cometa e ir a pescar. Hasta hace poco no he entendido que mi padre revivía su infancia volviendo a ser un niño conmigo, jugábamos a lo que le gustaba a él y de paso me enseñaba a jugar mí.
Ya no hago ni una cosa ni la otra, pero lo recuerdo como algo fundamental y mágico. Las dos actividades tenían algo de equilibrio, atención y contemplación, la boya de la caña flotando al final del sedal y la cometa flotando en el cielo al final de la cuerda, agua y aire.
Medios inestables que te obligaban a estar atento, a ser sensibles a ellos, a conocerlos y dejarse llevar junto a ellos. Padre e hijo.
Ibamos a buscar lombrices a la margen del rio, donde la tierra estaba húmeda. Al contrario de parecerme algo asqueroso era como una búsqueda de tesoros y trozos de bacon enterrado, era una fuente de alimento subterráneo, algo misterioso y ancestral. La infancia se tocaba con la prehistoria y con el origen que ahora es el mío.
Con mi padre hacíamos pocas cosas, pero juntos él volvía a ser un niño, lo pudo ser muy poco tiempo, enseguida tuvo que trabajar, y conmigo ganaba tiempo al tiempo.
Éramos dos niños jugando a la orilla de un rio. Padre e hijo.
Él hacia por conocerme y me enseñó a mantener el equilibrio y a procurarme el sustento.
Un día me decidí a pintarlo con tinta china en un papel enorme de acuarela, es el dibujo más grande que he hecho nunca.
Ha estado expuesto en Yoko Gallery en mi ultima exposición individual y todavía se puede ver.



Comentarios
Publicar un comentario