El Reino de la Imaginación.
La imaginación es el último refugio. Una forma de gestionar el encierro y el sufrimiento. La trampilla hacia dentro, la cabaña del árbol, la cama debajo de las sábanas, el armario con la linterna, la cabaña de los cojines, el acto de estar en babia, de mirar la nada y atravesar las paredes con la mirada perdida porque lo que ves está en otro lugar al que bajas y bajas por una escalera invisible que no ven tus padres, ni los profes.
La gente que no tiene necesidad de refugiarse o que dejaron de hacerlo, no la valoran como los que hemos decidido pasar cada día por allí, creen que no es de verdad. No ven que hay un lugar más allá de lo real.
Ese sitio para los que lo conocemos y lo construimos a base de ir una y otra vez, es un reino. Empieza siendo poca cosa pero a base de ir, acaba siendo un lugar grande y extenso, como un prado verde, un mar, el cielo y las estrellas, o un bosque acogedor, un rio con peces de colores. También puede ser una casa destartalada o una cueva, pero es un reino. Cada Rey tiene su castillo por raro que sea.
Los que hemos pasado largas temporadas allí, sabemos que ahí ha nacido todo y ahí hemos hecho todo lo que tenemos ahora, porque fuera no había gran cosa, supervivencia.
El lugar donde se construía todo era en el reino y luego nos lo traíamos.
Palos y piedras de colores, cañas de pescar y sacos de arroz, cometas, lombrices, cuentos, dibujos, y tirachinas, todo lo que nos diera la gana. El cromo que te faltaba de Star Wars allí te lo dibujabas y era mejor que el de verdad.
Tenemos la mina, tenemos un manantial que no se agota nunca, un lugar donde descansar, escribir, dibujar, estar en paz y ser la persona que realmente somos. Es una fuente de Cocacola que no empacha.
El mago que saca el conejo de la chistera. Lo bueno es que al final, el conejo que sale somos nosotros mismos.
Eres el Rey Mago que trae regalos todo el año.



Tendríamos que estar preparados para ser apátridas.
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