Pasaron mucho tiempo solos.
Durante muchos años no pude ir a la casa que compraron mis padres en un pueblo de Aragón cuando yo era jovencito.
Después de su muerte era como volver a un pasado muy doloroso que me pesaba como un plomo de una caña de pescar, te mantiene erguido pero no te deja avanzar. No podía revisitar toda aquella fuente de objetos solidos y polvorientos, llenos de telarañas.
La casa prácticamente quedó abandonada, si no era por la visita que hacía una tía muy mayor, prima de mi madre, que fue hasta no poder más.
Un año irremediablemente tuve que ir y entrar en aquella cápsula del tiempo, se me hizo una bola enorme, pero la casa necesitaba atenciones, una casa abandonada acaba cayéndose, empiezan las humedades en el tejado y acaban caídas como la vida misma con el paso del tiempo. Todos los desastres empiezan por los tejados, de las casas y de las personas.
La naturaleza y los árboles son otra cosa, de repente la ausencia del hombre les da vigor. De forma extraña pero natural creemos que nos necesita para subsistir, somos así de tontos.
En el patio, mi padre, plantó arboles frutales, los recordaba pequeños, tenían troncos como el bastón de un abuelo flaco y cuatro hojas como un penacho de plumas en la cabeza de un bebé. Un árbol ya contiene el tiempo entero dentro de él.
Al entrar en el patio, después de tantos años encontré a unos árboles majestuosos que habían crecido solos. Ellos solos se habían hecho dueños de su sombra, del patio y de todo lo que se refugiaba debajo.
Ahora cuando voy y cruzo la casa fantasmal hasta llegar al patio y los veo, me lleno de felicidad, al verlos ahí, fuertes y grandes, uno, el melocotonero creció torcido, está viejo, pero es el más fuerte, me hace una ilusión tremenda, paso horas y horas mirándolos sentado bajo ellos en una silla de plástico innoble total, recuerdo a mi padre y como los plantó y me maravillo al pensar que ellos y yo hemos aguantado solos, sin mis padres, sin la familia.
Somos mucho más fuertes de lo que creemos, podemos tener cicatrices, crecer torcidos, pasar sed, pero podemos seguir y llegar a dar sombra a otros que la necesitan luego.
Esos árboles me han enseñado muchas cosas. Son una herencia preciosa de mi padre.
Una tarde en el taller hice este dibujo con ceras Manley y lo titulé: Pasamos muchos años sin vernos.
Son 4 hojas de 50x70cm. Han sido expuestos en Yoko Gallery en Barcelona como parte de mi última exposición individual.


Els arbres que els nostres pares van plantar ens els fan presents cada cop que els veiem, que en gaudim de la seva ombra o en recollim les olives. Presents malgrat la seva absència.
ResponderEliminarAsí es y que feliz te hace si tienes esa suerte, de ahí debe venir con lo de hacer tres cosas en la vida, plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.
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