Dejad en paz al niño.

 La cosa esa tan cursi de conectar con tu niño interior es verdad, más que conectar puede que sea entenderlo y tener empatía con uno mismo y hacerse cargo de que lo pasó mal.

Entenderse a uno mismo, hacer las paces con el pasado, darse consuelo, ocuparte de ti mismo, estar un poquito por ti y entender que se hizo lo que se pudo.

El dolor se puede ir, la cicatriz no, pero con una cicatriz se puede vivir la mar de bien e incluso se olvida que está ahí. Depende como, cuando cambia el tiempo duele, pero ya sabes que es la cicatriz y eso también libera mucho.

Las cicatrices del alma no se ven, si fuera un corte en la cara o en la panza, la gente la vería, talvez se asustaría un poco pero al poco tiempo se acostumbrarían y ya no repararían en ella. Simplemente dirían el Juanjito es así.

Si te faltara un pie nadie te pediría que corrieras, en cambio un niño dolorido parece que siempre haga cuento.

Cuando la cicatriz está por dentro nadie la ve y no la comprenden, eso hace que vuelva a doler, pero también hay que entenderlo y seguir.

Lo más importante es poderlo expresar y calmar a ese niño. El que no lo comprenda que le den. 

La vida es muy corta para no darle un abrazo y no jugar un rato con él. 


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